Dicen que los ídolos no mueren, pero lamentablemente se extrañan. El 1 de mayo de 1994, un día sábado como hoy nos dejaba Ayrton Senna. Para mí, fanática de la Fórmula Uno de fines de los 70, 80 y 90 ya nada fue igual porque lo considero el más grande de todos los tiempos. Lloré mucho ese día, como si se hubiera muerto un amigo o un pariente; alegraba los domingos de carrera, los hacía interesantes, era imposible no admirarlo. Ayrton, te lembro com muita saudade!
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